Benedetta y el libro de los pecados
- Maria Reza

- hace 3 días
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Relatado por Rupense y Bonifacio.

En Florencia vivía una joven llamada Benedetta, cuyo nombre significaba "la bendita", aunque la vida escandalosa que llevaba hacía que le cuadrara mejor el nombre contrario. Sucedió que san Domingo vino a predicar a la ciudad, y por mera curiosidad ella fue un día a oírlo. Durante el sermón el Señor le tocó el corazón, y llorando amargamente fue a confesarse con el santo. Él oyó su confesión, la absolvió y le mandó rezar el rosario. Pero el peso de sus viejas costumbres la arrastró de nuevo a su antigua vida.
Cuando san Domingo lo supo, fue a verla y la persuadió de confesarse otra vez. Para fortalecerla, Dios le mostró un día el infierno, y entre los condenados a algunos que se habían perdido por causa de ella, y luego, abriendo un libro, le dejó leer el terrible registro de sus propios pecados. Estremecida, se volvió con plena confianza a la Santísima Virgen María, suplicó su auxilio, y supo que la Virgen ya le había alcanzado de Dios tiempo suficiente para llorar sus muchos pecados. La visión se desvaneció, y Benedetta se entregó a una buena vida.
Pero aquella oscura lista de sus pecados quedó siempre ante sus ojos, así que un día oró: "Oh Madre, es verdad que por mis pecados ya debería estar en lo hondo del infierno. Pero ya que me has librado de él alcanzándome tiempo para el arrepentimiento, te pido un favor más. Nunca dejaré de llorar mis pecados, pero alcánzame que sean borrados de ese libro". María se le apareció y le dijo que, para obtener esto, debía guardar memoria perpetua de sus pecados y de la misericordia de Dios para con ella, meditar la pasión que su Hijo sufrió por amor a ella, y recordar que muchos se habían perdido habiendo pecado menos que ella.
Benedetta hizo fielmente lo que se le dijo, y un día Jesús mismo se le apareció, le mostró el libro y le dijo: "Mira, tus pecados están borrados. El libro está blanco. Ahora escribe en él actos de amor y de virtud". Benedetta así lo hizo, vivió una vida santa, y murió una muerte santa.
Fuente:
Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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