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Historias


El obispo y el sacerdote cuyos fieles cambiaron
Una condesa española que había aprendido el Rosario de santo Domingo lo rezaba fielmente cada día y hacía grandes progresos en su alma. Queriendo ir más lejos, pidió a un obispo, famoso predicador, algunas prácticas que la ayudaran hacia la perfección.
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El monasterio relajado reformado
Un noble puso a una de sus hijas en un monasterio que se había relajado, donde las monjas solo pensaban en vanidades y diversiones. Su confesor, sin embargo, era un sacerdote celoso y devoto del Rosario, y para guiar a la joven monja le dijo que lo rezara cada día meditando en la vida, la pasión y la gloria de Jesucristo.
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La mujer de Amberes y el pacto devuelto
En 1578, una mujer de Amberes se había entregado al demonio y había firmado con su propia mano un contrato a tal efecto. Casi al instante la asaltó el remordimiento y anheló deshacer lo terrible que había hecho, así que se puso a buscar un confesor sabio y bondadoso que le dijera cómo quedar libre.
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Alano de Lanvallay y los Soldados del Rosario
Varios soldados que combatían bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario se vieron librados una y otra vez contra toda posibilidad. Simón de Montfort vio a pequeñas compañías dispersar a fuerzas muchas veces mayores, y un legado del Papa, el cardenal Pedro, vio una vez a tres mil hombres que habían rezado el Rosario ser llevados a salvo a través de una batalla contra cien mil.
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Don Pérez, el primo de santo Domingo
Santo Domingo tenía un primo llamado Don Pérez que llevaba una vida del todo inmoral. Al oír que la predicación de Domingo sobre el Rosario estaba convirtiendo a muchos, dijo: "Había perdido toda esperanza de salvarme, pero ahora vuelvo a cobrar ánimo. Tengo que oír a ese hombre de Dios". Así que fue a un sermón, y Domingo, al verlo, predicó contra el pecado con toda su fuerza y suplicó a Dios que mostrara a su primo el verdadero estado de su alma.
18 ago2 min de lectura


El rey disoluto restaurado
Alfonso, un rey de España, había llevado una vida desordenada, y tras muchas desgracias se vio obligado a refugiarse en una ciudad de uno de sus aliados. Sucedió que santo Domingo estaba allí el día de Navidad, predicando el Rosario y las gracias que alcanza, y diciendo que quienes lo rezaran con devoción vencerían a sus enemigos y recobrarían todo lo perdido.
18 ago2 min de lectura


Blanca de Castilla y el nacimiento de un santo
Blanca de Castilla, reina de Francia, sufría desde hacía doce años porque su matrimonio no le había dado hijos. Cuando santo Domingo la visitó, le dijo que rezara el Rosario cada día y pidiera a Dios la gracia de la maternidad, y ella siguió su consejo con fidelidad. Con el tiempo dio a luz un hijo, Felipe, pero el niño murió en la infancia.
18 ago1 min de lectura


El hombre liberado por el rosario al cuello
El beato Alano de la Roca contó de un hombre que conocía, poseído por un espíritu maligno, que había probado toda clase de devociones para librarse de él, sin resultado.
17 ago1 min de lectura


La devota señora de Roma y el único Rosario
Una señora de Roma llevaba una vida tan austera y fervorosa que avergonzaba hasta a los religiosos más estrictos. Cuando fue a santo Domingo en busca de dirección e hizo su confesión, él le dio por penitencia un Rosario y le insistió en que lo rezara cada día.
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La monja que anhelaba volver por un solo Avemaría
El beato Alano de la Roca contó de una monja que siempre había tenido gran devoción al Rosario. Durante varios años antes de morir estuvo postrada en cama y sufrió dolores atroces, y al fin murió.
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