El rey disoluto restaurado
- Maria Reza

- hace 21 horas
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Atribución: de El secreto del Rosario, Cuarta Decena.

Alfonso, un rey de España, había llevado una vida desordenada, y tras muchas desgracias se vio obligado a refugiarse en una ciudad de uno de sus aliados. Sucedió que santo Domingo estaba allí el día de Navidad, predicando el Rosario y las gracias que alcanza, y diciendo que quienes lo rezaran con devoción vencerían a sus enemigos y recobrarían todo lo perdido.
El rey escuchó con atención y mandó llamar a Domingo para preguntarle si de veras era cierto. Asegurado de que nada era más cierto, resolvió rezar el Rosario cada día, y lo mantuvo durante un año entero. La Navidad siguiente, la Santísima Virgen María se le apareció al terminar su Rosario. "Alfonso, me has servido un año rezando fielmente mi Rosario", le dijo, "así que he venido a recompensarte. He obtenido de mi Hijo el perdón de tus pecados. Toma este rosario, llévalo, y ninguno de tus enemigos podrá hacerte daño".
Lleno de alegría, el rey corrió a la reina, que había perdido la vista, y le tocó los ojos con el rosario, y ella quedó sana. Desde entonces nunca afrontó prueba alguna sin rezar antes su Rosario de rodillas. Llevó a toda su corte a la Cofradía, y él y la reina vivieron santamente hasta el fin.
Fuente:
Relatos sencillos de las historias de milagros y conversiones que san Luis María de Montfort reunió en El secreto admirable del Santísimo Rosario, escrito a comienzos del siglo XVIII. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción tradicional, aunque no palabra por palabra. El mismo Montfort las llamó "historias antiguas pero auténticas sobre el santo Rosario", recogidas de autores anteriores como el beato Alano de la Roca, y ofrecidas sobre autoridad humana, no como artículos de fe.

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