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Historias


El obispo y el sacerdote cuyos fieles cambiaron
Una condesa española que había aprendido el Rosario de santo Domingo lo rezaba fielmente cada día y hacía grandes progresos en su alma. Queriendo ir más lejos, pidió a un obispo, famoso predicador, algunas prácticas que la ayudaran hacia la perfección.
hace 20 horas2 min de lectura


El monasterio relajado reformado
Un noble puso a una de sus hijas en un monasterio que se había relajado, donde las monjas solo pensaban en vanidades y diversiones. Su confesor, sin embargo, era un sacerdote celoso y devoto del Rosario, y para guiar a la joven monja le dijo que lo rezara cada día meditando en la vida, la pasión y la gloria de Jesucristo.
hace 20 horas2 min de lectura


La mujer de Amberes y el pacto devuelto
En 1578, una mujer de Amberes se había entregado al demonio y había firmado con su propia mano un contrato a tal efecto. Casi al instante la asaltó el remordimiento y anheló deshacer lo terrible que había hecho, así que se puso a buscar un confesor sabio y bondadoso que le dijera cómo quedar libre.
hace 21 horas2 min de lectura


Alano de Lanvallay y los Soldados del Rosario
Varios soldados que combatían bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario se vieron librados una y otra vez contra toda posibilidad. Simón de Montfort vio a pequeñas compañías dispersar a fuerzas muchas veces mayores, y un legado del Papa, el cardenal Pedro, vio una vez a tres mil hombres que habían rezado el Rosario ser llevados a salvo a través de una batalla contra cien mil.
hace 21 horas2 min de lectura


Don Pérez, el primo de santo Domingo
Santo Domingo tenía un primo llamado Don Pérez que llevaba una vida del todo inmoral. Al oír que la predicación de Domingo sobre el Rosario estaba convirtiendo a muchos, dijo: "Había perdido toda esperanza de salvarme, pero ahora vuelvo a cobrar ánimo. Tengo que oír a ese hombre de Dios". Así que fue a un sermón, y Domingo, al verlo, predicó contra el pecado con toda su fuerza y suplicó a Dios que mostrara a su primo el verdadero estado de su alma.
hace 21 horas2 min de lectura


El rey disoluto restaurado
Alfonso, un rey de España, había llevado una vida desordenada, y tras muchas desgracias se vio obligado a refugiarse en una ciudad de uno de sus aliados. Sucedió que santo Domingo estaba allí el día de Navidad, predicando el Rosario y las gracias que alcanza, y diciendo que quienes lo rezaran con devoción vencerían a sus enemigos y recobrarían todo lo perdido.
hace 21 horas2 min de lectura


Blanca de Castilla y el nacimiento de un santo
Blanca de Castilla, reina de Francia, sufría desde hacía doce años porque su matrimonio no le había dado hijos. Cuando santo Domingo la visitó, le dijo que rezara el Rosario cada día y pidiera a Dios la gracia de la maternidad, y ella siguió su consejo con fidelidad. Con el tiempo dio a luz un hijo, Felipe, pero el niño murió en la infancia.
hace 21 horas1 min de lectura


El hombre liberado por el rosario al cuello
El beato Alano de la Roca contó de un hombre que conocía, poseído por un espíritu maligno, que había probado toda clase de devociones para librarse de él, sin resultado.
hace 2 días1 min de lectura


La devota señora de Roma y el único Rosario
Una señora de Roma llevaba una vida tan austera y fervorosa que avergonzaba hasta a los religiosos más estrictos. Cuando fue a santo Domingo en busca de dirección e hizo su confesión, él le dio por penitencia un Rosario y le insistió en que lo rezara cada día.
hace 2 días2 min de lectura


La monja que anhelaba volver por un solo Avemaría
El beato Alano de la Roca contó de una monja que siempre había tenido gran devoción al Rosario. Durante varios años antes de morir estuvo postrada en cama y sufrió dolores atroces, y al fin murió.
hace 2 días1 min de lectura


Santa Gertrudis y las monedas de oro
Un día santa Gertrudis tuvo una visión del Señor que contaba monedas de oro. Se atrevió a preguntarle qué hacía. Él le respondió: "Estoy contando las Avemarías que has rezado. Este es el dinero con que se compra el cielo".
hace 2 días1 min de lectura


Santa Metildis y el Avemaría escrita en oro
Un día santa Metildis estaba en oración, tratando de hallar algún modo nuevo de mostrar su amor a la Santísima Virgen María, cuando cayó en éxtasis. La Virgen se le apareció con las palabras del Avemaría escritas en letras de oro sobre el pecho.
hace 2 días1 min de lectura


Los dos predicadores de Colonia
Cuando el padre Jacobo Sprenger y sus hermanos trabajaban por restaurar el Rosario y su Cofradía en Colonia, dos sacerdotes famosos por su predicación se llenaron de envidia del bien que hacían y empezaron a hablar contra la devoción a cada oportunidad. Como eran elocuentes y muy respetados, apartaron de ella a mucha gente.
hace 2 días2 min de lectura


Santo Domingo en Carcasona y los quince mil demonios
Mientras santo Domingo predicaba el Rosario en Carcasona, un hereje se burló de sus milagros y de los misterios del Rosario, y sus burlas impedían que otros se convirtieran. Como castigo, Dios permitió que una gran multitud de demonios, dicen que quince mil, se apoderaran de aquel hombre.
hace 2 días2 min de lectura


El rey Alfonso y el peso de los rosarios
Alfonso, un rey de España, quería que toda su corte honrara a la Santísima Virgen María rezando el Rosario. Por eso llevaba un gran rosario al cinto, aunque, cosa extraña, él mismo nunca lo rezaba. Aun así, verlo animaba a sus cortesanos a rezar el suyo con devoción.
hace 2 días2 min de lectura


El beato Tomás de San Juan, rescatado en su lecho de muerte
El beato Tomás de San Juan era famoso por sus sermones sobre el santo Rosario, y el demonio, envidioso de todo el bien que hacía, lo atormentó hasta hacerlo caer gravemente enfermo. Estuvo enfermo tanto tiempo que los médicos lo dieron por perdido, y una noche, cuando de veras se creía moribundo, el demonio se le apareció en la forma más espantosa que pueda imaginarse.
hace 2 días1 min de lectura


El joven franciscano y las rosas
Un joven fraile tenía la hermosa costumbre de rezar cada día el Rosario de la Virgen antes de comer. Un día, por algún motivo, no había logrado rezarlo, y ya había sonado la campana del refectorio. Pidió permiso a su superior para rezarlo primero, y se retiró a su celda.
hace 2 días1 min de lectura


El beato Alano de la Roca y la voz desde la Hostia
Hacia mediados del siglo XV, la Cofradía del Rosario que santo Domingo había fundado había caído en el olvido, y la Virgen escogió al beato Alano de la Roca, dominico de Bretaña, para restaurarla. Había sido gran pecador en su juventud, y fue la Santísima Virgen María, según se le dijo, quien le había alcanzado la gracia de su conversión.
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Santo Domingo en Notre Dame de París
Un día santo Domingo debía predicar en Notre Dame de París, en la fiesta de san Juan Evangelista, ante toda la Universidad y muchos nobles. Ansioso por dar un sermón digno de un auditorio tan docto, estaba en una capillita detrás del altar mayor preparándolo con el rezo del Rosario, como siempre hacía, cuando la Santísima Virgen María se le apareció con un libro en la mano.
hace 2 días2 min de lectura


Santo Domingo en el bosque de Tolosa
Viendo que el peso de los pecados del pueblo impedía la conversión de los albigenses, santo Domingo se retiró a un bosque cerca de Tolosa y oró durante tres días y tres noches, llorando y haciendo dura penitencia para aplacar la ira de Dios, hasta que al fin, agotadas las fuerzas, cayó desfallecido.
hace 2 días2 min de lectura
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