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Santo Domingo en Carcasona y los quince mil demonios

  • Foto del escritor: Maria Reza
    Maria Reza
  • hace 15 horas
  • 2 min de lectura

Atribución: de los relatos de la predicación de santo Domingo; Montfort lo cuenta en la Rosa Décima y en la Trigésima Tercera.


Glories of Mary

Mientras santo Domingo predicaba el Rosario en Carcasona, un hereje se burló de sus milagros y de los misterios del Rosario, y sus burlas impedían que otros se convirtieran. Como castigo, Dios permitió que una gran multitud de demonios, dicen que quince mil, se apoderaran de aquel hombre.

 

Sus padres lo llevaron a Domingo para que lo liberara. Ante la gran multitud, el santo mandó a los demonios, en nombre de Dios, que le respondieran, y contra su voluntad tuvieron que hablar. Confesaron que eran quince mil dentro de aquel hombre, porque él había atacado los quince misterios del Rosario, y que Domingo era el hombre que más odiaban en todo el mundo por las almas que les arrebataba con esta devoción.

 

Cuando Domingo les preguntó cuál de los santos del cielo temían más, los demonios aullaron y suplicaron que se les ahorrara la respuesta. Pero ante la oración de la Santísima Virgen María, que apareció junto a él y tocó al hombre con una vara de oro, se vieron forzados a gritar la verdad: que ella es más poderosa que todo el infierno, que la temen más que a todos los santos juntos, que ningún alma que persevera en su servicio se ha perdido jamás en sus manos, y que ella alcanza aun a los pecadores moribundos la gracia de un verdadero dolor de sus pecados.

 

Entonces Domingo hizo que el pueblo rezara el Rosario despacio, y a cada Avemaría los demonios salían del hombre en forma de carbones encendidos, hasta que quedó del todo libre. Muchos herejes, conmovidos por lo que habían visto, se convirtieron y entraron en la Cofradía del Rosario.


Fuente:

Relatos sencillos de las historias de milagros y conversiones que san Luis María de Montfort reunió en El secreto admirable del Santísimo Rosario, escrito a comienzos del siglo XVIII. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción tradicional, aunque no palabra por palabra. El mismo Montfort las llamó "historias antiguas pero auténticas sobre el santo Rosario", recogidas de autores anteriores como el beato Alano de la Roca, y ofrecidas sobre autoridad humana, no como artículos de fe.

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