El joven arruinado y el pacto del hechicero
- Maria Reza

- hace 4 días
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Belluacense (Vicente de Beauvais) y Cesáreo.

Un joven noble malgastó en una vida de vicios la fortuna que su padre le había dejado, y cayó tan bajo que tuvo que mendigar. Para huir de la vergüenza de ser visto así, dejó su tierra y se fue a un país lejano donde nadie lo conocía. En el camino se encontró con un viejo criado de su padre, que, al verlo tan deshecho por la pobreza, le dijo que tuviera ánimo, prometiéndole llevarlo ante un príncipe tan generoso que cubriría todas sus necesidades. Pero el viejo era en secreto un hechicero.
Un día lo condujo a un bosque al borde de un páramo y empezó a hablar con alguien invisible. Cuando el joven le preguntó quién era, el hombre respondió: "El demonio", y le dijo que no temiera. Siguió hablando con el demonio y le dijo que aquel joven había caído en una necesidad terrible y anhelaba ser restituido a su antigua posición. El demonio respondió que, si el joven le obedecía, lo haría más rico que antes, pero que primero debía renunciar a Dios. El joven se estremeció, pero ante la insistencia del hechicero cedió y renunció a Dios. "Eso no basta", dijo el demonio. "También debe renunciar a María, pues a ella le debemos nuestras mayores pérdidas. ¡Cuántas almas nos ha arrebatado, llevándolas de vuelta a Dios y salvándolas!".
Al oír esto, el joven exclamó: "¡Eso jamás lo haré! ¿Renunciar a la Santísima Virgen María? Ella es mi única esperanza. Antes mendigaría el resto de mi vida". Y con esas palabras se marchó. En el camino pasó junto a una iglesia dedicada a la Virgen. Entró, se arrodilló ante su altar y lloró, suplicándole que le alcanzara el perdón de sus pecados. María enseguida comenzó a interceder ante su Hijo por el desdichado joven. Jesús dijo al principio: "Pero este joven ingrato me ha negado, madre". Sin embargo, viendo que ella seguía intercediendo, al fin dijo: "Oh, madre mía, nunca te he negado nada. Será perdonado, ya que tú lo pides".
El hombre que había comprado la herencia perdida del joven se hallaba allí, en secreto, y cuando vio la misericordia de María hacia aquel pecador, le dio al joven a su única hija en matrimonio y lo hizo heredero de todo lo que poseía. Así, por la intercesión de María, el joven recobró el favor de Dios y la fortuna que había despilfarrado.
Fuente:
Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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