Elena y el rosario
- Maria Reza

- hace 4 días
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Narrado por el padre Bovio.

Una mujer muy pecadora llamada Elena se encontraba un día en la iglesia y escuchó un sermón sobre el rosario. Al salir compró uno, pero lo guardó escondido para que nadie lo viera. Empezó a rezarlo, y aunque lo decía sin ninguna devoción, la Virgen llenó su corazón de tal consuelo y dulzura que no podía dejar de rezarlo. Esto le produjo tal horror de su vida pecaminosa que no halló paz hasta que fue a confesarse, y lo hizo con un dolor tan profundo que el sacerdote quedó asombrado.
Después fue derecho a un altar de la Santísima Virgen para darle gracias, y mientras rezaba su rosario, la Virgen le habló desde la imagen: "Elena, demasiado tiempo me has ofendido a mí y a Dios. Cambia de vida desde ahora, y yo te concederé muchas gracias". Avergonzada, Elena reconoció que en verdad había sido muy pecadora, pero suplicó el auxilio todopoderoso de María, se entregó por entero a ella y resolvió pasar el resto de su vida haciendo penitencia.
Con la ayuda de María repartió entre los pobres todo lo que tenía y emprendió una dura penitencia. La atormentaron tentaciones terribles, pero ella seguía acudiendo a la Madre de Dios y siempre las vencía con su auxilio. Fue favorecida con muchas gracias, entre ellas visiones y profecías. Pocos días antes de su muerte, María le avisó de que se acercaba, y cuando llegó la hora la Virgen vino con su Hijo a visitarla. Al morir, su alma fue vista subir al cielo en forma de una hermosa paloma.
Fuente:
Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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