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Historias de los siete dolores de María

  • Foto del escritor: Maria Reza
    Maria Reza
  • hace 2 días
  • 5 min de lectura
Stories of the Seven Sorrows

1: El joven y la octava espada

Relatado por el padre Roviglione, de la Compañía de Jesús.

 

Cierto joven tenía la devoción de visitar cada día una imagen de la Madre dolorosa, la Santísima Virgen María, representada con siete espadas que le traspasaban el corazón. Una noche el joven cayó en pecado grave. Cuando fue a la mañana siguiente a visitar la imagen, vio en el corazón de María no siete espadas, sino ocho.

 

Mientras la miraba fijamente, oyó una voz que le decía que su pecado había añadido la octava espada a aquel corazón. Esto traspasó su corazón endurecido; fue enseguida a confesarse, y por la intercesión de su abogada recobró la gracia de Dios.

2: Las dos monjas y el niño perseguido

Acerca de la beata Coleta y la venerable sor Juana de Jesús y María, ambas monjas franciscanas.

 

Un día la Santísima Virgen María se apareció a la beata Coleta, monja franciscana, y le mostró al niño Jesús herido y como desgarrado por la crueldad, diciéndole: "Así es como los pecadores tratan continuamente a mi Hijo, renovando su muerte y mis dolores. Hija mía, ruega por ellos, para que se conviertan".

 

Una visión semejante tuvo la venerable sor Juana de Jesús y María, también monja franciscana. Mientras meditaba un día en el niño Jesús perseguido por Herodes, oyó un gran ruido, como de hombres armados persiguiendo a alguien; entonces apareció ante ella un niño hermosísimo, que huía angustiado y que clamó: "Juana mía, ayúdame, escóndeme. Soy Jesús de Nazaret. Huyo de los pecadores que quieren matarme y que me persiguen como lo hizo Herodes. Sálvame".

3: El joven en la India y el puñal ofrecido

De las Cartas Anuas de la Compañía de Jesús.

 

Un joven en la India estaba justamente saliendo de su cuarto para ir a cometer un pecado cuando oyó una voz que decía: "Detente. ¿Adónde vas?". Se volvió y vio una imagen tallada de la Madre dolorosa, la Santísima Virgen María, que sacó la espada que le traspasaba el pecho y le dijo: "Toma este puñal y traspasa mi corazón antes que herir a mi Hijo con este pecado".

 

Ante estas palabras, el joven se arrojó al suelo y, llorando con hondo dolor, pidió y obtuvo de Dios y de María el perdón de su pecado.

4: Las flores de sor Diómira y el beato Jerónimo Emiliani en la torre

Acerca de sor Diómira de Florencia y el beato Jerónimo Emiliani.

 

Un día el Salvador se apareció a sor Diómira, monja en Florencia, y le dijo: "Piensa en mí y ámame, y yo pensaré en ti y te amaré". Al mismo tiempo le entregó un ramo de flores junto con una cruz, mostrándole que los consuelos que los santos reciben en esta tierra van siempre unidos a la cruz, y que es la cruz la que une las almas a Dios.

 

Así fue con el beato Jerónimo Emiliani. Cuando todavía era soldado y llevaba una vida muy pecaminosa, fue capturado por sus enemigos y encerrado en una torre. Allí, sintiendo hondamente su miseria y movido por Dios a cambiar de vida, se volvió a la Santísima Virgen María en busca de auxilio, y con su ayuda empezó a vivir como un santo.


Llegó a fundar la orden de los somascos, murió una muerte santa, y mereció contemplar un día el alto lugar que Dios le había preparado en el cielo; la Iglesia lo honró más tarde como beato.

5: El joven de Perugia y el escapulario

Relatado por san Alfonso María de Ligorio; el hecho ocurre en Perugia.

 

Un joven en Perugia hizo una vez un trato terrible con el demonio: a cambio de ayuda para cometer un pecado que deseaba, le prometió su alma, y hasta le entregó un escrito a tal efecto firmado con su propia sangre. Una vez cometido el hecho, el demonio vino a reclamar lo prometido. Llevó al joven a un pozo profundo y lo amenazó con arrastrarlo en cuerpo y alma a menos que se arrojara dentro. Aterrado, el joven dijo que no tenía valor para hacerlo, y que si el demonio lo quería muerto, tendría que hacerlo él mismo.

 

Ahora bien, el joven llevaba al cuello el escapulario de la dolorosa María, la Santísima Virgen. "Quítate ese escapulario", dijo el demonio, "y yo te arrojaré". Pero viendo que la Madre de Dios todavía lo protegía por medio de aquel escapulario, el joven se negó a quitárselo; y después de una larga lucha, el demonio lo dejó, confundido.

 

El joven se arrepintió, y en agradecimiento a su dolorosa madre fue a darle gracias y ofreció una pintura del suceso en su altar, en la nueva iglesia de Santa María en Perugia.

6: El pecador fugitivo y la paloma blanca

Relatado por "el Discípulo" (la colección medieval de exempla de Juan Herolt).

 

Un pobre pecador, culpable de crímenes graves, se había vuelto un fugitivo. Un día, durante la Cuaresma, le tocó oír un sermón sobre la misericordia de Dios, y fue a ver al mismo predicador para confesarse. Después de oír los pecados de aquel hombre, el confesor lo envió a un altar de la Madre dolorosa, la Santísima Virgen María, a orar para que ella le alcanzara verdadero dolor y el perdón de sus pecados.

 

El pecador obedeció y empezó a orar; y de pronto, vencido por la contrición, cayó muerto. Al día siguiente, cuando el sacerdote pidió al pueblo que orara por el hombre que había muerto, una paloma blanca apareció en la iglesia y dejó caer una pequeña tarjeta a sus pies. La recogió y leyó estas palabras: que el alma del difunto había ido derecho al paraíso en el momento en que dejó el cuerpo, y que el sacerdote siguiera predicando la infinita misericordia de Dios.

7: El religioso escrupuloso consolado en la muerte

Relatado por el padre Engelgrave.

 

Cierto religioso estaba tan atormentado por los escrúpulos que a veces casi llegaba a la desesperación; pero tenía una gran devoción a María, la madre de los dolores, la Santísima Virgen, y cada vez que su espíritu se angustiaba se volvía a ella y hallaba mucho consuelo meditando en sus dolores. Cuando se acercó la muerte, el demonio lo atormentó más que nunca e intentó empujarlo a la desesperación.

 

Entonces su misericordiosa madre, viendo a su pobre hijo tan afligido, se le apareció y le dijo: "¿Por qué, hijo mío, estás tan abrumado de tristeza, tú que tantas veces me has consolado con tu compasión por mis dolores? Ten ánimo. Jesús me envía a consolarte. Queda en paz, alégrate, y ven conmigo al paraíso".


Ante estas palabras, el religioso murió tranquilamente, lleno de consuelo y de confianza.



Fuente:

Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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