La esposa celosa
- Maria Reza

- 28 jun
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Del Tesoro del Rosario, parte 4, milagro 85.

Un caballero muy devoto de la Santísima Virgen María tenía en su casa un pequeño oratorio, con una hermosa imagen de la Virgen, adonde iba a menudo a orar. Oraba allí no solo de día, sino también de noche, levantándose de la cama y saliendo de su cuarto para honrarla. Su esposa, aunque también era una mujer piadosa, notó que él se ausentaba en lo más profundo de la noche y permanecía fuera largo rato, y se llenó de celos y sospechas.
Un día le preguntó si amaba a alguna otra mujer fuera de ella. Sonriendo, él le dijo que amaba a la dama más hermosa del mundo, que le había entregado todo su corazón, y que antes moriría que dejar de amarla. Se refería a la Santísima Virgen, pero su esposa no lo entendió, y sospechó todavía más. Le preguntó si salía cada noche de su cuarto para verse con esa dama, y él, sin advertir su angustia, respondió que sí. Engañada y cegada por los celos, una noche, mientras él estaba en sus oraciones, en su desesperación se quitó la vida.
Cuando él regresó y encontró la cama mojada, y luego la halló a ella sin vida, comprendió lo que había sucedido. Cerró el cuarto con llave, volvió a la capilla, se postró ante la imagen y lloró, suplicando a la Virgen que lo socorriera, ya que era honrándola a ella como le había venido esta ruina. Apenas había orado cuando un criado lo llamó, diciendo que su esposa preguntaba por él.
Apenas podía creerlo, pero fue, abrió la puerta y la encontró viva. Ella se arrojó a sus pies llorando, le pidió perdón, y dijo que la Madre de Dios, por medio de su oración, la había librado de la muerte y del infierno. Fueron juntos a dar gracias, y al día siguiente ella contó toda la historia a sus parientes, y todos ellos se sintieron movidos a un mayor amor a la Virgen.
Fuentes:
Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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