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Los dos estudiantes y la campana de maitines

  • Foto del escritor: Maria Reza
    Maria Reza
  • hace 3 días
  • 2 min de lectura

Ocurrido en una ciudad de Flandes, en el año 1604.


Glories of Mary

En el año 1604, en una ciudad de Flandes, había dos jóvenes estudiantes que, en lugar de atender a sus estudios, se entregaban a una vida disoluta. Una noche fueron juntos a una casa de mala fama. Al cabo de un rato uno de ellos, llamado Ricardo, se fue a casa, pero el otro se quedó. De vuelta en su cuarto y disponiéndose a acostarse, Ricardo recordó que aún no había rezado sus Avemarías diarias de costumbre. Vencido por el sueño y rendido, se sobrepuso y las rezó, aunque sin devoción y medio dormido, y luego se acostó.

 

Apenas se había dormido cuando unos fuertes golpes resonaron en la puerta, y antes de que pudiera abrir, vio a su compañero de pie ante él, espantoso y horrible. "¿Quién eres?", le preguntó. "¿No me conoces?", respondió el otro. "Pero ¿qué te ha cambiado así? Pareces un demonio". "Estoy condenado", gritó el desdichado. "Cuando salí de aquella casa, un demonio acabó con mi vida. Mi cuerpo yace en medio de la calle, y mi alma está en el infierno. El mismo castigo te estaba destinado a ti, pero la Santísima Virgen, por aquellas pocas Avemarías que le rezaste en su honor, te ha salvado. Dichoso serás si aprovechas la advertencia que la Madre de Dios te envía por medio de mí". Entonces abrió su manto, le mostró el fuego y las serpientes que lo atormentaban, y desapareció.

 

Ricardo se arrojó al suelo, boca abajo, deshecho en lágrimas, para dar gracias a María, su libertadora. Mientras le daba vueltas en la mente al pensamiento de cambiar de vida, oyó la campana de maitines de un cercano monasterio franciscano y exclamó: "Allí es donde Dios me llama a hacer penitencia". Fue enseguida a rogar a los frailes que lo recibieran. Conociendo lo mala que había sido su vida, dudaron, pero cuando les contó, llorando, lo que había sucedido, dos de ellos salieron a buscar en la calle y hallaron allí el cuerpo de su compañero, sin vida y negro como el carbón.

 

Ricardo fue recibido en la orden. Desde entonces llevó una vida ejemplar, fue a la India a predicar la fe, pasó de allí al Japón, y por fin tuvo la gracia de morir mártir por Jesucristo.



Fuente:

Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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