Alejandra y el rosario que la mantuvo viva
- Maria Reza

- hace 3 días
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Relatado por el padre Eusebio Nieremberg.

En la ciudad de Aragón vivía una joven noble y muy hermosa llamada Alejandra, a quien amaban dos jóvenes. Por celos, los dos riñeron y se dieron muerte el uno al otro. Los parientes de ambos, enfurecidos y culpando a Alejandra de las muertes, le quitaron la vida y la arrojaron a un pozo. Pocos días después san Domingo pasaba por aquel lugar, y, movido por Dios, fue al pozo y llamó: "Alejandra, sal". Al instante la joven muerta se levantó y suplicó a san Domingo que oyera su confesión.
Ante una gran multitud que se había reunido para ver el prodigio, el santo oyó su confesión y le dio la comunión. Luego le dijo que explicara por qué había recibido semejante gracia. Alejandra respondió que cuando le quitaron la vida estaba en estado de pecado mortal, pero que la Santísima Virgen María, por el rosario que ella solía rezar, la había conservado de aquel modo para darle tiempo de arrepentirse. Durante dos días permaneció viva a la vista de todos, y luego su alma fue al purgatorio.
Quince días después, el alma de Alejandra se apareció a san Domingo, hermosa y reluciente como una estrella, y le dijo que uno de los mayores alivios para las almas del purgatorio es el rosario que se reza por ellas, y que, en cuanto esas almas llegan al paraíso, ruegan por quien les ofreció esas oraciones. Con esto, san Domingo vio cómo su alma dichosa subía triunfante al cielo.
Fuente:
Relatos sencillos de las historias de "ejemplo" que san Alfonso María de Ligorio colocó al final de cada sección de Las Glorias de María. Están parafraseadas en lenguaje moderno y sencillo, fieles al contenido de la traducción inglesa de 1888, aunque no palabra por palabra; los diálogos se han suavizado en lugar de copiarse. El mismo Ligorio, en su "Protesta" como autor, advirtió que los milagros y las apariciones que aparecen en el libro se ofrecen solamente sobre autoridad humana, y no como artículos de fe.

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