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Historias


El sacerdote que perdio la vista por ver a la Virgen
María quiso concederle su deseo y de nuevo lo consoló con su presencia; pero como esta amorosa reina nunca puede hacer daño a nadie, cuando se le apareció por segunda vez no solo no le quitó el otro ojo, sino que hasta le devolvió el ojo que había perdido.
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Los frailes y la carta de nuestra Señora
Al pie estaba la firma de la Virgen María. Fácil es imaginar las gracias que aquellos buenos frailes dieron a la Madre de Dios, y cuán fuertemente se sintieron movidos a amarla y servirla el resto de su vida.
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Sor Dominica y el niño herido
Entonces la escena cambió: la mujer apareció vestida como una reina y rodeada de luz, y el niño resplandecía como un sol. Él tomó las flores y las esparció sobre su cabeza. Ella comprendió al instante que eran Jesús y María, y se postró para adorarlos, y la visión terminó. Dominica tomó más tarde el hábito dominico y murió en 1553 con fama de santa.
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El monje que anhelaba ver a la Virgen
Entonces la Virgen empezó a cantar con tal dulzura que el monje perdió el sentido y cayó de bruces al suelo. Cuando sonó la campana de maitines y los monjes se reunieron, faltaba Tomás; buscaron en su celda y en el resto del monasterio, y al fin lo hallaron en el jardín, como sin vida. Cuando su superior le mandó contar lo sucedido, volvió en sí y, bajo obediencia, refirió todos los favores que la Madre de Dios le había mostrado.
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Alejandra y el rosario que la mantuvo viva
Quince días después, el alma de Alejandra se apareció a san Domingo, hermosa y reluciente como una estrella, y le dijo que uno de los mayores alivios para las almas del purgatorio es el rosario que se reza por ellas, y que, en cuanto esas almas llegan al paraíso, ruegan por quien les ofreció esas oraciones. Con esto, san Domingo vio cómo su alma dichosa subía triunfante al cielo.
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Sor Catalina y la anciana
Así se salvó; su tiempo en el purgatorio se acortó, y bastaron unas pocas misas para liberarla. Catalina mandó celebrar esas misas, y el alma volvió una vez más, resplandeciente, camino del paraíso.
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